| Gran Diosa, vaso ritual cretense |
Urano, padre y hermano de esas fuerzas, se rebela contra ellas y atrae a Cíclopes, Titanes y Hecatónquiros al Tártaro, una de las regiones del Erebo subterráneo. Pero Gaia, madre-materia, se rebela a su vez y libera a sus hijos. Ella es naturaleza, y como tal no impide más bien alienta que los fenómenos naturales sigan su curso. La layenda cosmogónica de Hesíodo muestra a Cronos, el Tiempo, indomable hijo de Gaia y Urano, rebelado contra su padre por este incesante fecundar a su madre. Otra razón de su rebelión es, justamente, la devastación que la Tierra sufre con la violencia de sus otros hijos, los Hecatónquiros y los Cíclopes. Para que Gaia no continúe engendrando infinitamente, Cronos corta los genitales de su padre. Su instrumento es una guadaña que la propia Tierra había afilado con ese objeto. La guadaña es el símbolo de la muerte. Pero quien muere no es Urano (él es inmortal): es su reino, que deja lugar al de Cronos, inclinándose a la implacable necesidad de evolución.
Al caer sobre la tierra, la sangre de Urano la fecunda una vez más, engendrando a las Erinias (símbolos de la culpa de Cronos), los Gigantes y las Melíadas, Ninfas de los árboles. Al caer en el mar, los genitales del dios forman, con el semen expelido antes de la castración, una blanca espuma, de la cual nace Afrodita (Venus).
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