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16.3.11

La Tierra, el Cielo y la fuerza de Eros

Para los órficos, fieles seguidores de las enseñanzas del poeta Orfeo, el principio de todas las cosas es Cronos (Saturno), el Tiempo. Este dios devorador es quien habría dado origen al Caos y al Éter. Todo en derredor del Caos y el Éter existía la Noche, que abrazaba al gran espacio como una sólida cáscara, y le confería el aspecto de un gigantesco huevo.
En ese huevo nació Fanés, la luz, que se unió a la Noche y en ella engendró al Cielo, la Tierra y a Zeus (Júpiter).
Contaban los órficos también que la Noche no formaba una cáscara, sino que era un ave negra de enormes alas. Y que, fecundada por el viento, puso un huevo de plata en el seno de la oscuridad original, entre el Cielo que estaba arriba y la Tierra que yacía abajo.
Del huevo salió Eros, el Amor Universal, el Protógonos ("el primer nacido").
A Eros no le gustaba vivir escondido en las tinieblas. Por eso, bajo la luz de Fanés, quien permanecía en el huevo de plata, el Amor empezó a levantar los velos que cubrían a la naturaleza, uniendo al Cielo y la Tierra en un abrazo violento y apasionado del cual nació todo lo que faltaba por nacer.

11.3.11

Saturno, señor del universo

Dea Tellus, Diosa Tierra, relieve romano
Más que a los Titanes y las Titanias (cuenta Hesíodo), Urano (el Cielo) detesta a sus otros hijos, los Cíclopes y los Hecatónquiros. Son criaturas brutales.
Para no tener que encararse con ellos, el Cielo estrellado los obliga a vivir en el vientre oscuro de Gaia (la Tierra), sin ver jamás la luz del día.
A Gaia la hace sufrir esa reclusión de sus hijos. Sufre también con la continua fecundidad que le impone Urano (desde que se unió a él su vientre no ha cesado de engendrar). Y empieza a odiar a su celeste esposo.
Decide vengarse de él. Llama a los Titanes y les pide que la ayuden a destronar a Urano.
Todos se niegan. Sólo Cronos (Saturno) acepta el encargo de su madre, porque ya se había rebelado ante sus sufrimientos.
El valiente guerrero del Tiempo promete a Gaia que la vengará. Y ella le entrega la afilada guadaña que, con terrible propósito, venía preparando hacía tiempo.
Cuando Urano se aproxima a la esposa para fecundarla nuevamente, Cronos se arroja sobre su padre. Lucha con él y lo vence.
Urano sangra y se retuerce. Un grito de dolor resuena en todo el mundo.
Los genitales de Urano vuelan por el espacio. La sangre corre sobre la tierra y sobre las aguas.
En el mar, los órganos con el semen expelido forman una espuma blanquísima, de la cual surge Afrodita (Venus), diosa de la belleza femenina y el amor.
En la tierra, la sangre da origen a las Melíadas, Ninfas de los bosques, y a las Erinias (las Furias) vengadoras de los crímenes semejantes al de Cronos.
Pero ellas no pueden hacer nada contra el vencedor de Urano, pues todo el poder del mundo le pertenece.
El titán soberano se une a Rea (Cibeles), su hermana, y en ella engendra una multitud de hijos. Sin embargo, los devora a todos en cuanto nacen, para que no lo destronen.
Sólo una de esas criaturas escapó a su voracidad y lo destronó, quitándole el cetro del mundo: Zeus (Júpiter) el poderoso olímpico.

10.3.11

Los doce hijos de la Tierra y el Cielo II

Trágico es Yapeto (Iapetós), quien, uniéndose a la oceánida Climene, engendró cuatro hijos infortunados: Atlas, el gigante condenado a sostener el mundo sobre sus hombros; Menecio, que más tarde osaría combatir contra Zeus (Júpiter), el señor de todos los dioses; Prometeo, que desafiaría el poder olímpico; y Epimeteo, que acompañaría a su hermano.
Trágico es también Cronos (Saturno), por su destino sin esperanza y los muchos trabajos que el futuro del mundo le reserva.
Porque él es el dios del Tiempo que todo lo regula, todo lo comanda y le toca crear un nuevo orden en los aires y en las cosas. Revolucionar constantemente la naturaleza. Alterar el escenario de la vida, quitando de él a su propio padre.
Cronos es insaciable. El Tiempo devora todo: seres, monumentos, destinos. Sin piedad. Sin apego a lo pasado. Lo que importa es construir el futuro.
Sólo Mnemosine se opone a Cronos, preservando, dentro de lo posible, la lúcida materia sobre la que reina: la memoria.
Pero Cronos vence siempre. Y continúa sin miedo su implacable cabalgata.

Divinidades Primordiales I

La Noche y El Día, de Miguel Angel
El mito cosmogónico es una tentativa de explicar el origen del universo, de las cosas y de los seres animados. Tanto Homero (siglo IX a.C.) como Hesíodo (siglo VIII a.C.), los órficos (siglo VI a.C.), y los demás poetas y filósofos de la Antigüedad trataron de encontrar, ante ese inmenso misterio, el principio del universo: surgieron así mitos, es decir, historias simbólicas y explicativas, y teorías racionales.
El Caos, materia informe, existente desde siempre, fue considerado por los antiguos principio de todo, fundamento del mundo. Inicialmente Hesíodo lo describió como un espacio abierto, una extensión pura: más tarde el Caos fue concebido como el "donde" primordial en el que preexistían todos los elementos del universo, aunque latentes y desorganizados.
Qué había antes del Caos, para engendrarlo o crearlo, nadie se lo preguntaba. Había existido siempre. La sustancia productora del universo no era un ser inteligente y personal que existe eternamente, y que creó el mundo de la nada, por su sola voluntad, sino una "materia prima" en la que se "recortaron" todos los seres individuales, dioses, hombres, animales, plantas y minerales. Una vez organizado, el Caos se llamó el Cosmos (el mundo).
Era primordial de la realidad, anterior al surgimiento de los seres particulares, el Caos escapa a la aprehensión exacta por el lenguaje humano. Es inefable, revestido de misterio, y sólo puede ser aludido a través de metáforas que no lo aprisionan por completo: apenas lo sugieren.
Considerado como matriz del universo, era necesario atribuir al Caos el germen de las oposiciones que manifiesta el mundo: los contrastes de la permanente tensión entre luz y sombra, unidad y pluralidad, vida y muerte, espíritu y materia, etc, "pares opuestos" que marcarán la producción artística y filosófica de los griegos.
Otro aspecto de la dualidad fundamental aparece en la oposición entre Orden y Desorden. Los Titanes, fuerzas tempestuosas de la naturaleza, y la primera generación olímpica gobernada por Zeus (Júpiter), entablan una guerra que dura diez años (período simbólico), al final de la cual los dioses vencedores establecen una nueva jerarquía de poder. Su victoria representa la afirmación del Orden sobre el Desorden.
Bajo la influencia de ideas filosóficas posteriores, se ve en ese mito la intención de mostrar a la divinidades olímpicas como espirituales, y la constitución de los Titanes y de las demás divinidades primordiales como básicamente material. Así, Urano (Cielo; Caelus), Cronos (El Tiempo; Saturno) y Gaia (la Tierra; Tellus) serían "materialidad" destronada por Zeus, la "espiritualidad".