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16.3.11

La Tierra, el Cielo y la fuerza de Eros

Para los órficos, fieles seguidores de las enseñanzas del poeta Orfeo, el principio de todas las cosas es Cronos (Saturno), el Tiempo. Este dios devorador es quien habría dado origen al Caos y al Éter. Todo en derredor del Caos y el Éter existía la Noche, que abrazaba al gran espacio como una sólida cáscara, y le confería el aspecto de un gigantesco huevo.
En ese huevo nació Fanés, la luz, que se unió a la Noche y en ella engendró al Cielo, la Tierra y a Zeus (Júpiter).
Contaban los órficos también que la Noche no formaba una cáscara, sino que era un ave negra de enormes alas. Y que, fecundada por el viento, puso un huevo de plata en el seno de la oscuridad original, entre el Cielo que estaba arriba y la Tierra que yacía abajo.
Del huevo salió Eros, el Amor Universal, el Protógonos ("el primer nacido").
A Eros no le gustaba vivir escondido en las tinieblas. Por eso, bajo la luz de Fanés, quien permanecía en el huevo de plata, el Amor empezó a levantar los velos que cubrían a la naturaleza, uniendo al Cielo y la Tierra en un abrazo violento y apasionado del cual nació todo lo que faltaba por nacer.

9.3.11

MiTo: VeRdAd Y FaNTaSíA (Los dioses en las artes II)

Grifo
El concepto de arte, para los griegos, se fundió en la imitación de la naturaleza y permaneció así, aun cuando el mito y los dioses pasaron a ser objeto de análisis filosóficos, no siempre devotos, como los de los sofistas (siglo V a.C.), o material del drama trágico o cómico, no siempre reverente, como las tragedias de Eurípides (485? - 406 a.C.) y las comedias de Aristófanes (448-388? a.C.). Platón (427? - 347?) y Aristóteles (384? - 322 a.C.), los filósofos griegos mayores, a pesar de haber dado cada cual un matiz diferente al sentido del término, insisten en que el arte es mímesis (imitación). Y por muchos siglos este concepto orientó principios estéticos y técnicas artísticas.
Sibila délfica, de Giovanni di Biagio
Las primeras obras que conocemos de la gran escultura griega (siglos IX-VIII a.C.) son estatuas que representan a dioses con los atributos que el mito les confería. Vasos ornamentales o de uso cotidiano, hechos de arcilla cocida, son embellecidos con escenas mitológicas. Utensilios domésticos y objetos de uso personal están decorados en la misma forma. La literatura griega se alimenta casi exclusivamente de mitos. Y sin el mito no existiría el teatro de Esquilo (525-456 a.C.), Sófocles (496?-406? a.C.), Eurípides, Aristófanes y Menandro (342-293 a.C.).
Lamentablemente, la música de los griegos no es conocida más que por referencias indirectas. Sin embargo, uno de los mitos mayores, el de Orfeo, está centralizado precisamente en este arte que poetas, filósofos y escritores han concordado en juzgar el más divino entre todos. Orfeo sería el inventor del canto y de varios instrumentos musicales, con los que atraía no sólo a los hombres, sino hasta a los animales y plantas.
El acervo de la civilización occidental sería bastante menos rico y expresivo sin la mitología griega, puesto que es de los griegos de quienes tomó sus fundamentos y el néctar que la rejuvenece constantemente. Penetrar en la mitología helénica es, por lo tanto, remontarse a los orígenes de nuestra vida intelectual, sea expresados en el arte, sea reflejados en el pensamiento filosófico, sea sublimados en la admiración de lo bello, o a través de lo trágico, lo cómico y lo lírico. O, aún, cuando nos reiteramos las preguntas ¿de dónde venimos? ¿hacia dondé vamos? ¿quiénes somos? la respuesta tal vez sería: todavía estamos ante un espacio abierto, ante un Caos, que espera organización definitiva.