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17.3.11

Los orígenes del mundo

En el principio, pues, era el Caos; después la Tierra de anchos flancos, base segura ofrecida para siempre a todos los seres vivos, y Eros, el más bello entre los dioses inmortales, aquel que desequilibra los miembros y subyuga, en el pecho de todos los dioses y todos los hombres, el corazón y la sabía voluntad.
Del Caos nacieron el Erebos y la negra Noche. Y de la Noche, a su vez, salieron el Éter y la luz del Día. La Tierra, primeramente, engendró un ser igual a sí misma, capaz de cubrirla por entero: el Cielo Estrellado, que debería ofrecer a los dioses bienaventurados una base de sustentación segura para siempre. Ella puso en el mundo también las altas Montañas, agradable morada de las diosas; las Ninfas, habitantes de los montes y valles. Engendró también el mar infecundo de furiosas olas, Ponto, sin ayuda del tierno amor. Pero, en seguida, con los abrazos del Cielo, ella engendró al Océano de torbellinos profundos, y a Ceo, Críos, Hiperión, Yapeto, Tea, Rea, Temis, Mnemosine, Febe coronada de oro y la amable Tetis. Tras ellos vino al mundo Cronos, el más joven de todos, dios de malignos pensamientos, el más temible de todos sus hijos; y Cronos se llenó de odio por su exuberante padre.